Actitud para la Cosecha

El Señor nos revela principios fundamentales para nuestras vidas en su Palabra. Uno de esos principios es el de la siembra y la cosecha. El sembrar es solo una parte de todo lo que tenemos que hacer en la vida, pero esta la otra parte, cosechar y de esa manera tener éxito completo.

Para la mayoría de nosotros no es difícil sembrar, y un claro ejemplo de ello, es que sembramos siempre en nuestra familia, sembramos la Palabra de Dios a nuestros hijos ya que queremos que estén bien fundamentados en El; les enviamos a estudiar con el fin de que en su futuro estén mejor preparados y estén listos para afrontar una vida mas cómoda o ligera, ellos a su vez verán los frutos de lo que han aprendido y estudiado, o sea cosecharan lo que sembraron al esforzarse estudiando.


La Biblia nos dice en Hebreos 6:7 Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios;

Esto me dice que la tierra debe producir buen fruto en aquellos que la cultivan y la cuidan, cuando ha habido esmero y esfuerzo, en su cuidado, obtendremos fruto bueno y excelente, no solamente es el mover la tierra y poner la semilla, es regarla, ponerle abono, quitar la mala hierba que crece sin permiso alguno.

Pero cundo la tierra no ha sido buena y ha producido espinos y abrojos dice la escritura, entonces es quemada a fin de que el agricultor pueda empezar otra vez.

Y fíjense que maravilloso es nuestro Dios que nos ha hecho con la capacidad de ser las dos cosas, somos el agricultor, o sea quien siembra y cosecha, pero por otro lado, somos la tierra.

Ahora bien analicemos un poco, ¿Qué tanto hemos hecho nuestro rol de sembradores y qué tanto hemos cosechado?, y por otro lado, como tierra, tenemos que auto examinarnos, para ver si hemos dado frutos de lo que otros han sembrado en nosotros.

Todo el mundo tiene una transacción continua de dar y recibir, es decir de sembrar y cosechar y la humanidad se rige en la ley de la siembra y la cosecha. Nos dice Gálatas 6:7-10 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Ciertamente sería sorprendente y antinatural si usted plantara maíz y brotaran calabazas. Es una ley de la vida, tanto espiritual como física, que uno cosecha lo que siembra. Por ejemplo, si uno chismea de sus amigos, tarde que temprano los pierde. Cada acción tiene resultados. Si usted planta para sus propios deseos, cosechará lamentos y maldad. Si planta para agradar a Dios, cosechará gozo y vida eterna ¿Qué tipo de semillas está sembrando?

Es desalentador hacer continuamente el bien y no recibir ninguna palabra de agradecimiento o ver resultados palpables. Pablo desafió a los Gálatas, y nos desafía a nosotros a seguir haciendo lo bueno y confiar a Dios los resultados. A su tiempo, cosecharemos bendiciones.

Leemos en Hebreos 6:10 “Por que Dios no es injusto para olvidar vuestras obras y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. No debemos de cansarnos de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos ese “bien” que hemos hecho.
Ahora bien, poniendo esto a nivel humano 100%, donde ya no estamos hablando de la semilla, ni de la tierra física, sino mas bien, semilla de la palabra de Dios y como la tierra, todo ser humano que reciba esta palabra; podremos darnos cuanta entonces que existe cosecha en las que pasa mucho tiempo para que podamos ver frutos, y otras en las que vemos los resultados con rapidez.

Hay otras que son largas y otras más, son cortas. El tiempo de la cosecha nunca es el mismo, nunca sabemos cuando va a llegar, pero sabemos que tarde que temprano veremos los frutos de esa semilla que se ha plantado, de toda aquella palabra del Evangelio que hemos compartido, ¡PERO!, y si ese fruto o cosecha no se levanta a tiempo se puede llegar a perder.

Y si usted no supo distinguir el tiempo para recoger su cosecha, no culpe a Dios por haberla perdido. No es un buen testimonio perder cosechas. La Palabra del Señor nos enseña que el que pierde la cosecha avergüenza al padre, según podemos leer en Proverbios 10:4-5.

En la Biblia, en su segundo librito, encontramos de 3 acontecimientos importantes para Dios, y dice Éxodo 23:14-16

“Tres veces al año me celebraréis fiesta:
(1) La fiesta de los panes sin levadura… y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. (PASCUA-recordatorio de su liberación de Egipto)
(2) También la fiesta de la siega, (LAS SEMANAS-que se celebraba 7 semanas después de que se comenzaba la cosecha-) los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo…
(3) Los Tabernáculos, (conocida también como LA RECOLECCION o LAS CABAÑAS) Se celebraban, la recolección de los frutos del suelo, el grano y el vino, lo que era el “producto de la tierra”, esto señalaba para Israel el final del año agrícola.”

Y en el versículo 19 leemos: “Las primicias de los primeros frutos traerás a la casa de Jehová tu Dios”.

Fíjense que interesante la referencia en Éxodo 23:15 (final) y Deuteronomio 16:16 (final) ninguno se presentará con las manos vacías. ¿Nos dirá algo la referencia de no presentarnos “sin fruto” alguno?

La actitud que tengamos para la cosecha es importantísima, ya que cuando hemos sembrado algo, lo hacemos con la esperanza de ver los resultados tarde que temprano.

Por ejemplo: ¿Cuántos de nosotros no hicimos en la escuela primaria el experimento de poner un frijol con un algodón mojado en un vaso o un frasco de cristal?, creo que todos los días nos asomábamos al vaso, primero para ver si ya podíamos ver esa ramita verde que nos daría el aviso que todo estaba bien y floreciendo, y otra que no se fuera a quedar sin agua, por que si no se no echaba a perder el asunto. Y cuando por fin veíamos el resultado nos llenaba de gusto, verdaderamente lo disfrutábamos.

Sin embargo, no siempre se tiene ese cuidado que se necesita para que una vez que la semilla se ha puesto, estarla cuidando en todos los aspectos posibles, o sea que, una vez que hemos hablado del evangelio a alguien por primera vez, es VITAL el cuidado, para que pueda dar su fruto, ¿Cuál? ver una vida trasformada, entregada a Dios, verles entrar a la iglesia, etc.

Los tiempos de siembra siempre estarán presentes en cada momento, sin embargo, los de la cosecha cambian, por ello es difícil distinguir el momento de recoger lo que se ha sembrado si no estamos al cuidado.

No permita que su cosecha se pierda, salir adelante es un testimonio y es un deber delante de Dios. Hay un pasaje en le que Jesús mostró a sus discípulos que no siempre la cosecha se espera cuando pensamos, Juan 4:35 “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”.

Algunas veces los cristianos se excusan para no testificar a familiares o amigos, diciendo que estos no están listos para creer. Jesús, sin embargo, aclara que alrededor de nosotros hay una cosecha continua que espera la siega. No espere que Jesús lo encuentre excusándose. Mire a su alrededor. Hallará gente lista a oír la Palabra de Dios.

Los discípulos de Jesús estaban esperando que la cosecha llegara dentro de cuatro meses, ellos esperaban el ciclo tradicional de una cosecha, pero Jesús les enseño a ver otro tipo de cosecha, LA COSECHA DE ALMAS.

El Señor nos enseña a ver el tiempo de la cosecha que Él tiene para nuestra vida, lo que a su vez nos traerá grandes bendiciones.

Tristemente hay personas que les da cierto temor el recoger SU cosecha, la ven, la tiene prácticamente en la mano, pero algo les impide hacerlo, sea valiente y tome lo que el Señor le esta mostrando, reciba esa bendición que El tiene para usted, innegablemente nuestros campos están blancos, listos por aquel obrero que quiera y sea obediente, dice Mateo 9:36-38 “Y al ver la multitud, tuvo compasión de ellas; por que estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor, Entonces dijo a sus discípulos; a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”.

Permítase tomar esa bendición de Dios siendo uno de los obreros dispuestos a ser enviado a la mies.

Y si ya ha cosechado su fruto, vuelva a sembrar y no se canse, acuérdese de esa semillita que Ud. planto el frijol entre algodón húmedo cuando era niño, la emoción que sentía, emocionarse igual por cada palabra que salga de su boca hablando de la palabra de Dios y riegue, abone y corte lo que haya que cortar, que tarde que temprano vera recompensado su esfuerzo, Dios se encargara de hacer crecer la semilla.

Recuerde siempre que la siembra y la cosecha irán ligadas de tal manera, en que la bendición que reciba en su vida será muy grande.

Y tenemos un gran ejemplo en eso, si leemos 1 Reyes 17:8-15 nos habla de la viuda de Sarepta en Sidón, donde Elías sería alimentado por ella, por lo que ella misma dice que “no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija…” y que después de prepararla y comerá dice: “nos dejemos morir. Elías le dijo: No tengas temor; ve y haz como haz dicho; pero hazme a mí primero de ellos una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela y después harás para ti y para tu hijo”. ¿Que podríamos pensar? ¡estas oyendo, que solo tengo poquito para mi y mi hijo y lo quieres tu primero! y sin embargo la reacción de ella se refleja mas adelante y leemos “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: la harina de la tinaja no escaseará ni el aceite de la vasija desminuirá, hasta que el día que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces fue e hizo como le dijo Elías; y comió él y ella y su casa muchos días”.

Aquí apreciamos dos cosas que van agarradas de la mano, 1. La Fe de ella y 2. Que ella sembró y que por supuesto cosecho, y lo hizo en abundancia ya que leímos “y comió él y ella y su casa muchos días”.

Pareciera a veces que los milagros están fuera de nuestro alcance ya que nuestra fe esta débil. Pero todo milagro, pequeño o grande, comienza con un acto de obediencia. Quizá no veamos la solución hasta que demos el primer paso de fe.

Esta mujer podría haber tenido un pretexto para no darle al profeta su última comida, sin embargo, en su obediencia, en su escasez sembró en abundancia, no solamente para su vida, también para “SU CASA”.

¿Tendremos idea de cuantas veces hemos dejado pasar las bendiciones de Dios por el simple hecho de no creer para sembrar, de no creer para cosechar?.

Hoy es tiempo de que cambiemos nuestra actitud, y nos carguemos con la oz (la Biblia) para comenzar a segar en los campos que blanquean por estar listos para la cosecha.

AMEN

 

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