Ser como Tomás

Tomás

JUAN 20:27-28

Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: !!Señor mío, y Dios mío! “ (RVR60)

Tomás, a menudo recordado como el “incredulo”, merece respeto por su fe. Fue un incrédulo, pero su incredulidad tuvo un propósito: quería saber la verdad. Tomás no se aferró a sus dudas. Creyó de buena gana cuando le dieron razones para hacerlo. Expresó todas sus dudas y esperó la explicación de las mismas. Sus dudas eran solo una forma de reaccionar, no una costumbre.

A pesar de que nuestra visión de Tomás es breve, su carácter se manifiesta con firmeza. Procuró ser fiel a lo que conocía, a pesar de lo que sentía. En un momento, cuando para todos era evidente que la vida de Jesús peligraba, solo Tomás expresó con palabras lo que la mayoría sentía. “Vamos también nosotros, para que muramos con Él” (Juan 11:16). No dudó en seguir a Jesús.
No sabemos por qué Tomás estaba ausente la primera vez en que Jesús apareció a los discípulos después de la resurrección, pero fue renuente en aceptar el testimonio de ellos acerca de este hecho. ¡Ni siquiera sus diez amigos lograrían cambiar su forma de pensar!
Podemos dudar sin tener que vivir en incredulidad toda la vida. Las dudas motivan una reconsideración. Su propósito se relaciona más con agudizar la mente que con cambiar de manera de pensar. La duda nunca debe ser una condición permanente. La duda es un pie en alto, listo para ponerlo delante o detrás. No hay acción hasta que el pie se baja.

Recomendaciones prácticas

Cuando titubee, anímese a pensar en Tomás. No se plantó en sus dudas, sino que permitió que Jesús lo encaminara a creer. Anímese pensando en que un sin número de seguidores de Jesús tuvieron problemas con las dudas. Las respuestas que Cristo les dio le pueden ser de gran ayuda. No se detenga en las dudas, siga hasta tomar una decisión y creer. Busque a otro creyente con el que pueda expresar sus vacilaciones. Las dudas silentes rara vez hallan respuestas.

Ore por:

  • Usted mismo, para que crea y diga lo que siente en voz alta en vez de ser un incrédulo en silencio.
  • Su iglesia, para que no rechacen las dudad sinceras y dirigidas a creer.
  • Los gobernadores de su país, para que no tengan ninguna duda de que Dios existe y que pueden recurrir a Él.

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