Pruebas De Amor

amor al dinero

LUCAS 18:15-30

Jesús bendice a los niños

15 Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron.
16 Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.
17 De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

El joven rico

18 Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.
20 Los mandamientos sabes: No adulteraras; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
21 Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.
22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: !!Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
27 Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.
28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.
29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,
30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. (RVR60)

En varias oportunidades el Señor mostró su amor por los niños. Al pensar que molestaban a Jesús, los discípulos trataban de alejar a unos niños que estaban trayendole. Sin embargo, Él ordenó que les permitiera acercarse, afirmando que “de los tales es el reino de Dios”. !Que tranquilidad nos da saber que la obra redentora de Cristo cubre esta etapa temprana en la vida de los seres humanos!, hasta que toman clara conciencia del bien y del mal, haciendose recien responsables de sus actos morales. ¡El Señor ama a los niños, porque ellos son “herencia de Jehová”! (Salmo 127:3)
Se acerca entonces a Jesús un hombre importante con una pregunta importante: “… ¿Qué haré para heredar la vida eterna?”
Este hombre era un fariseo sincero que había guardado la ley desde su juventud para ello. Pero Jesús le plantea sorprendentemente que debía vender todo lo que poseía y darlo a los pobres. No es que fuese realmente una condición para heredar la vida eterna, sino que sabía lo que había en el corazón de este hombre y de que pie cojeaba: su amor al dinero. Efectivamente, el hombre se va triste, porque no estaba dispuesto a dejar todo por seguir a Jesús y obtener lo que había perseguido toda su vida.
¡Con cuánta frecuencia encontramos personas que quieren estar bien con Dios, pero no están dispuestas a dejar algo: dinero, fama, familia, trabajo, placeres, etc., por seguir a Jesús y ganar la vida eterna! Es justamente la prueba que nos plantea el mandamiento que vimos en Lucas 10:27: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente”. Que por ser el más grande mandamiento, no cumplirlo es el más grande pecado. Buen momento para examinar nuestro corazón.
Finalmente, los discípulos preocupados al escucharlo, le preguntan por ellos que habían dejado todo por seguirlo. Jesús los tranquiliza respondiendo que su recompensa sería grande, pero la vida eterna sería la más grande. Siempre debe ser así: no servir a Dios por recompensas materiales, ¡sino por el gozo de la expectativa de la gloria eterna con Dios!. Amén.

Recomendaciones prácticas

Tres preguntas de diagnóstico surgen de este pasaje:
¿Amo a los niños y estoy haciendo algo por ellos?
¿Amo al Señor de tal manera que estoy dispuesto a perder todo por él?
¿Sirvo a Dios por alguna recompensa, o solo en gratitud por su amor y la vida eterna?

Las respuestas a estas preguntas son un buen termómetro que mide la “temperatura” de nuestra fe: caliente, tibia o fría.

Ore por:

  • Que el Señor nos ayude a crecer en amor para con él, hasta estar dispuestos a todo por seguirlo.
  • Por la iglesia, para que muestre su amor por los niños en forma práctica, de manera que ellos vean y sientan el amor del Señor.
  • Que muchos “principales” de la nación conozcan el amor del Señor de tal manera que los libere de la esclavitud del dinero.

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