Al tener un encuentro personal con Dios…     Adquieres convicciones firmes de su realidad viva y eterna manifestada en la persona de Jesucristo, el VERBO de Dios manifestado en carne; adquieres la convicción de que Jesucristo es la Palabra audible y visible de Dios, no existiendo otra revelación adicional de su Verdad.

Al tener un encuentro personal con Dios…     Mantienes el deseo intenso de exponerte en todo momento a su Palabra, dándote convicciones firmes en su contenido  y el  discernimiento necesario para dar los pasos adecuados  en los diversos acontecimientos de tu vida; su Palabra le da un sentido profundo y diferente a tu existencia y se constituye en tu dirección oportuna y directa ante cada circunstancia.

Al tener un encuentro personal con Dios…    Adquieres la convicción de que vives por él y para él. Tu vida adquiere sentido, porque sabes que de Dios vienes y hacia él vas…     ¡Tienes tu destino asegurado!

Al tener un encuentro personal con Dios…     Tus sentimientos son transformados por la acción sobrenatural de su Espíritu, impulsándote a amar como él ama, aun a aquellas personas que te resultan insoportables o te han herido profundamente.

Al tener un encuentro personal con Dios…     Obedeces con espontaneidad sus enseñanzas y a la vez experimentas el intenso deseo de difundir su Palabra por todos los medios posibles a tu alcance.

Al tener un encuentro personal con Dios…     Vives con la certeza de que su presencia activa te envuelve en todo momento; la angustia que produce el temor al futuro y a la muerte se disipa. Atraviesas con paz y seguridad el camino que te falta por recorrer sobre la tierra.

“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida  (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);  lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”

1 Juan 1:1-5

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