Cuando Dios el Padre se revelo por primera vez a Moisés en (Éxodo 3:14) le Dijo: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY” me envío a vosotros.

A lo largo del Evangelio de Juan el Señor Jesucristo afirma su deidad con la misma frase que el Padre uso “YO SOY el pan de vida” (Juan 6:35); “YO SOY la luz del mundo” (Juan 8:12); “YO SOY la puerta” (Juan 10:9); “YO SOY el camino” (Juan 14:6); en los últimos momentos antes de partir hacia la Cruz el Señor volvió hacer aquella afirmación estando con sus discípulos y les hablo diciendo “YO SOY LA VID” (Juan 15)

De las palabras de nuestro señor aprendemos que el propósito de nuestro llamamiento es que llevemos fruto “El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto… En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (v. 5,8). Luego les dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca”. Para este fin hemos sido elegidos y establecidos llevar fruto para gloria del Padre. El deleite y la satisfacción del Padre en sus hijos es que llevemos fruto “todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” la única manera en que podamos llevar el fruto que es agradable a los ojos del Padre es permaneciendo en la vid verdadera que es Jesucristo, llevar fruto es una manifestación y un rasgo distintivo de permanecer en Jesucristo. toda planta tiene vida y características distintas y no todas producen el mismo fruto. La semilla de un naranjo, si se planta, producirá otro naranjo al igual que un árbol de limón lleva limones como fruto. Los creyentes al permanecer en la vid que es Jesucristo debemos llevar una reproducción de su vida y las características de Cristo deben estar presentes en nuestra vida cristiana. En Gálatas 5:22-23 se nos dice que “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. Todas estas virtudes se manifestaron perfectamente en la vida de nuestro Señor Jesucristo como fruto para la gloria y la complacencia del Padre. El Espíritu de Dios que mora en nuestro interior también producirá este hermoso racimo de nueve frutos en la vida de cada creyente que permanece en Cristo Jesús la Vid Verdadera. Amén…

 

 

Autor: Daniel Troncoso Pérez

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