En el evangelio de Juan aparece la más grande declaración sobre la divinidad del Señor Jesucristo, Juan quien fuera uno de los doce Apóstoles y uno de los tres que componían el círculo íntimo del Señor comienza relatando su evangelio de la siguiente manera “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (E. Juan 1:1).

El evangelista comienza describiendo la vida de Cristo en la eternidad pasada antes que el mundo existiera. En el principio cuando los cielos y la tierra fueron creados el Verbo existía en la comunión más estrecha posible con Dios el Padre, y el verbo hallaba supremo deleite en aquella comunión la frase “y el Verbo era Dios” declara al Verbo absolutamente divino, que existía desde la eternidad como una persona distinta, de esta forma se manifiesta una vez más la plena divinidad de Cristo, cuando el Señor realiza su oración sacerdotal hace una confesión bastante contundente sobre su existencia antes de su Encarnación y dice “Ahora pues, Padre, glorifícame tu al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”.

La revelación que Juan recibió de Dios identifica a la segunda persona de la Deidad como el Creador “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” esta declaración derrumba la enseñanza herética que Cristo el Verbo fuera un ser creado ya que el Creador de todas las cosas debe existir antes de su acto de creación. Sin embargo, Cristo el Verbo preexistente no termino su labor después de su acto creador aún quedaba una tarea por realizar luego de que el hombre desobedeciera y se produjera la caída. la humanidad se caracterizaba por las tinieblas, la maldad y el odio hacia su Creador más la misericordia de Dios fue mayor. El amor y la verdad Dios manifestados en Cristo llevaron al Verbo a realizar la obra de Salvación sobre el ser humano porque solo Dios puede Salvar porque el hombre solo puede morir cuando el ser humano estaba en las profundas tinieblas la luz de Jesucristo el Verbo resplandeció y las tinieblas no prevalecieron por eso los creyentes en todas las épocas glorificamos a Dios por su Hijo Jesucristo quien siendo Igual Dios dejara su gloria por Salvar a hombres pecadores de la justa ira de Dios… Amén.

 

 

Autor: Daniel Troncoso Pérez

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