Este salmo es la siguiente canción gradual o de ascenso, a medida que el peregrino viajaba hacia Jerusalén para adorar. Vislumbramos por un momento su situación personal, que había dejado al iniciar su viaje. Ahora, en este Salmo se nos dice que él podía contemplar a la distancia las montañas de Jerusalén. Y el primer versículo de este Salmo 121, dice: “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro?” Este peregrino no estaba buscando ayuda en lo alto de las montañas; estaba buscando a Dios. Su respuesta está en el versículo 2, que dice: “Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra”. Su ayuda vendría de Dios y no de los montes.


A medida que el peregrino se acercaba a Jerusalén, no había diferencia si se aproximaba desde el norte, del este, del sur o del oeste. En cualquier caso, tendría que atravesar montañas. Así fue que cuando este hombre llegaba al lugar desde donde podía ver las montañas de Judá, podía contemplar los lugares de la adoración pagana en las cimas de las montañas. Allí era donde los paganos habían edificado sus altares. Y con toda seguridad, su ayuda no vendría de la cima de aquellas montañas. Jeremías, en el capítulo 3 de su libro, versículo 23: “Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel”. Esta era la idea que estaba presente en la canción del peregrino mientras se acercaba a Jerusalén. Continuemos leyendo los versículos 3 y 4 del Salmo 121: “No dará tu pie al resbaladero ni se dormirá el que te guarda. Por cierto, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel”. La afirmación “no permitirá que tu pie resbale” significa que Dios no permitirá que usted se tambalee. Leamos ahora los versículos 6 al 8: “El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. El Señor te guardará de todo mal, él guardará tu alma. El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”. Aquí el viajero, aunque con otras palabras, nos indicó claramente que no estaba esperando recibir ninguna fuerza de los montes. Estaba esperando recibir la ayuda del Señor. El Señor era su guardián protector. Observemos esa palabra que encontramos en los versículos 7 y 8, donde dice: El Señor te guardará. Esto tiene que ver con el maravilloso poder protector de Dios. Él lo preservará a usted, estimado oyente. Recordemos que el apóstol Pedro, en su primera carta 1:5, lo expresó de la siguiente manera: “Guardados por el poder de Dios”. Ahora, hay dos formas de conservar las frutas o los vegetales: en azúcar o en vinagre. Y hay muchos creyentes que son preservados por ambas formas. Hay muchos creyentes que son preservados en azúcar, que son personas muy amables, por cierto. Y las otras son preservadas en vinagre, y aquí el término explica por sí mismo el carácter de algunas personas. En nuestro salmo, el peregrino estaba dirigiéndose hacia Jerusalén. En su camino atravesaba montañas y campos. Y el viajero dependía de Dios para su seguridad. Ésta era una hermosa certeza. El salmista dijo que su ayuda provenía del Señor, quien no le dejaría resbalar y caer. Hay otras referencias en las Sagradas Escrituras: Proverbios 3:26, dice: “Porque el Señor será tu confianza; él evitará que tu pie quede atrapado”. Realmente, podemos tener la certeza de que Él no nos dejará caer. Y el Salmo 37:24, dice: “Cuando el hombre caiga, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano”. En 1 Samuel 2:9, Ana, en su canción de gratitud a Dios por haberle dado un hijo, dijo: “El guarda los pies de sus santos, más los impíos perecen en tinieblas”. Y una de las últimas bendiciones de la Biblia se encuentra en la carta del apóstol Judas, 24 y 25. Dice así: “A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, 25al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén”. Es decir, que Él puede guardarnos, protegernos. Dios es el que protege a Israel y el protector de los Suyos en la actualidad. Y recordemos que Él nos protege de día y de noche. Dios no se adormece, no se duerme. Cuando los peregrinos acampaban para pasar la noche y se encontraban durmiendo, Dios no dormía, sino que les continuaba vigilando y protegiendo. Él los cuida de día y de noche. El salmo dice “El sol no te fatigará de día ni la luna de noche”. Estos peregrinos viajaban en ciertas temporadas en las que el calor del sol era muy intenso. Pero Él había prometido protegerles del calor abrasador. ¿Pero, qué podemos decir de la luna de noche? Algunos se inclinan por pensar que la luz de la luna produce efectos en aquellos que están expuestos a la luz que refleja. Y otros creen que la expresión del salmista incluye al sol y a la luna, porque estos astros representan a los peligros que pueden presentarse de día o de noche. O sea, que el Señor protegía a los peregrinos de todos los adversarios, tanto como si les atacaban de día como de noche. Y en la última frase el salmista y peregrino afirmó: “El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”. Le guardaría en el hogar y en el camino.

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