“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2Ti.3:16-17). En estos dos versículos de su segunda carta a Timoteo, el apóstol Pablo aborda tres aspectos fundamentales: la inspiración, utilidad y propósito de la Escritura. Respecto al primer aspecto, relativo a la inspiración divina de la Palabra, el apóstol deja claro que Dios es el autor único de la Biblia. ¿Qué elementos tenemos para aceptar tal aseveración? Por lo menos tres elementos: su unidad, su permanencia y su eficacia.


Su unidad. La Biblia fue escrita en un periodo de aproximadamente mil quinientos años, en cinco continentes diferentes, por más de cuarenta escritores y en circunstancias totalmente distintas. Mientras unos fueron agricultores, pastores de ovejas, pescadores o cobradores de impuestos, otros fueron escribas, sacerdotes, jueces y reyes. Algunos vivieron en la indigencia y otros en palacios. Unos escribieron en su tierra y otros en el exilio. Algunos más lo hicieron en tiempos de paz y otros en el sufrimiento. Sin embargo, a pesar de estos aspectos tan disímbolos, existe una perfecta unidad en toda la Escritura. No existe una sola contradicción o error en toda ella. Con cuánta razón dice el apóstol Pedro que “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2P.1:20-21). Su permanencia. La Biblia es el único libro que por más de tres mil años ha sido atacado al punto de querer destruirlo, y sin embargo, permanece. Paradójicamente es el libro más impreso en el mundo y traducido a más de doscientos idiomas. De ahí lo dicho por el profeta Isaías: “Sécase la hierba, marchítase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Is.40:8). Su eficacia. A través de los siglos la Palabra de Dios confirma su eficacia al transformar millones de seres humanos que dejando una vida de maldad, de pecado, de vicio, de idolatría y de tinieblas se convierten a Cristo y son hechas nuevas criaturas. Por ello en su epístola a los Romanos Pablo sostiene que el Evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego (Ro.1:16). Estos elementos, entre otros, sustentan la afirmación del apóstol Pablo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. En relación con el segundo aspecto, Pablo es muy directo al afirmar que la Escritura es útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia. ¿Cuál es el sentido de cada una de estas vertientes? Enseña: da dirección a los hombres y a los creyentes en cuanto al camino por el que deben andar. ¡Cristo es el camino! Redarguye: señala el error, indica cuando no vamos por el camino correcto. Corrige: proporciona la información y la ayuda que necesitamos para retomar el buen camino. ¡Cristo es el buen camino! Instruye: ayuda para mantenerse en el sendero por medio de la disciplina y la fijación de límites. Así que la Biblia no es un libro exclusivamente filosófico, poético, histórico o ideológico cuyas enseñanzas o métodos de vida se desgasten o cambien con el paso de los años; la Biblia es un libro cuya utilidad práctica está vigente. La utilidad que tuvo en el primer siglo para individuos y familias, es la misma para el hombre y la mujer veinte siglos después. Sus principios y valores espirituales y morales son válidos hoy día. El tercer y último aspecto, referido al propósito de la Escritura, “que el hombre de Dios sea perfecto, preparado para toda buena obra”; resume y confirma los dos primeros aspectos. Si el hombre anda en el camino de la perfección haciendo buenas obras como resultado de la observancia de la Escritura, significa que ésta es útil e inspirada por Dios. Y éste es, finalmente, el propósito divino, transformar por medio de la Palabra la naturaleza y carácter del viejo hombre hasta forjar en él la imagen y semejanza de Cristo. Querido lector: Descubre la utilidad de la Escritura. ¡Deja que Dios haga de ti un vaso nuevo!

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